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lunes, 2 de julio de 2012

Crónicas del Ayer Aventurado

Prólogo~Miedo.


El mar gris de personas caminando hacia su destino egoísta les hizo perderse en él por ser similares a ellos, puesto que también se dirigían a un sitio en particular. Sin embargo, lo único que les diferenciaba no era el hecho de ser irrepetibles, premisa establecida y sabida por todos; sino la mirada de cariño y tristeza reflejada en sus ojos cuando apreciaban la esencia del otro, de aquél que se había ganado a pulso un lugar en su corazón. 

Miedo… Se sintió que el frío y mecánico freno apareció para detener el gran barco flotante de madera pintado de naranja, transporte consumido por la rutina urbana de los pueblos masificada. El descenso mareó a algunos de sus tripulantes y al tocar suelo infértil, sus puertas abrieron para permitir la salida de los apresurados y ellos se dejaron llevar por la marea opaca y agresiva. Anduvieron hasta la salida y al subir las escaleras gastadas y rotas, salieron hacia el sitio por el cual emprendieron su último viaje juntos: el puerto de las aves de acero. Ella lo vio con ansia y apretó la mano de él, mientras era correspondida con la sonrisa masculina. 

Ambos caminaron bajo el ruido de los aleteos ensordecedores que se mezclaban con las ruedas de carretas y otros medios que rodaban sobre la carretera de al lado y, con seis horas de anticipación, arribaron a la edificación trasladadora. Los diferentes consorcios que se situaban dentro bordearon los largos pasillos para ofrecer un servicio puntual ante cualquier necesidad de quienes transitaban e ignorando sus propios deseos, buscaron a los que llegaron antes con las maletas. Al pasar unos minutos y dejando atrás los locales, divisaron las bolsas que les pertenecían y se acercaron para saludar. 

Para permitir que el tiempo transcurriera rápido, la pareja optó por conocer el lugar y aprovechar ese tiempo para estar  solos… o ella quería pensar mejor. Había llegado al poblado cinco meses atrás bajo las palabras proféticas de una amiga hechicera: “La plata como reto, el conocimiento tu aliado y el amor una espina”. El poder de las palabras quedó demostrado conforme los meses actuaban en el teatro de la vida en su escena correspondiente. Sonríe: eso resume todo lo que ha vivido en estas tierras tanto con sus allegados como para sí misma. Desvelos, reclamos, sollozos, decepción; risas, alegrías, emoción, sorpresa; experiencias, pruebas, aprendizajes, autoreconocimiento… tantas cosas que ni siquiera concibe en su pensamiento… Miedo.

-¿Tienes hambre? Yo sí-las palabras de su acompañante le sorprendieron y acarició su mejilla.

-Sí, hace hambre. Busquemos un lugar donde comer, pero que sea barato-responde, abrazándolo al instante. Fue correspondida y la protección apareció, sensación que surge cuando él hace eso.

-Claro, pero tú dispararás esa bebida que tanto nos gusta.

Le gustaría quedarse así por más tiempo, beber tal líquido todo el tiempo y sentir su calor; pero sabe que el tiempo es un enemigo acérrimo y no le permitirá prolongar ese deseo. Se hace a un lado, toma su mano y continúan en el andar. 

Miedo… Si tuviera que mirarse un espejo que le mostrara su antigua yo a la actual, el miedo sería uno de los actores principales por todos los cambios vividos. Cada viaje transforma y evoca el temor. Y como una vez le dijo a unas amistades: “¿Han tenido esa sensación que provoca hacer algo por primera vez y se sale de tu rutina diaria? Aquella incertidumbre de llevar a cabo una actividad no acostumbrada y del que no sabes el resultado concreto, pues su ausencia te hace perderte en un abismo de posibilidades”.

-Así me siento en este momento-dijo ella en voz alta, recordando los ayeres, las aventuras y lo nuevo, ahora viejo, que la han forjado al hoy pasadero.


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Este es un proyecto que iniciaré para retomar la escritura, la cual dejé tiempo atrás por cuestiones de fuerza mayor.
"Crónicas del Ayer Aventurado" relata las vivencias de una chica que tuvo que viajar a un poblado para adquirir nuevos conocimientos. Cargando ilusiones y deseos, fue descubriendo que ciertas cosas no eran lo que pensaba, reforzó unas y aprendió otras; pero que al final le dejaron una serie de experiencias que le mostraron nuevos aspectos de la vida y de sí misma (cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia XD).
Muchas gracias a Edgar Hernández y Dr. Hide, por haberme dado la idea del proyecto; gracias a 2GR, por apoyarme en la decisión; y un profundo agradecimiento a mi caballero errante, por las ideas y la motivación de empezarlo.
Espero comentarios y a ustedes gracias, por leerlo n.n

martes, 7 de febrero de 2012

Carta a una Secretaria que Atendió con Descortesía


Apreciada señorita:


Como le he agradecido atentamente el haberme entregado las llaves para la Sala de Lecturas, le parecerán insólitas las palabras que se expresarán a continuación.


Antes ignoraba su comportamiento. Me dediqué a planear mi solicitud de documentos o alguna otra cosa cuando los requiriera, esperando un trato amable de su parte: un saludo, una sonrisa (los profesores decían que así era y puedo corroborarlo).


Sin embargo, las expectativas fueron derrumbadas. Al ir a su oficina observé su comportamiento. Estaba haciendo malas caras, arrebatando papeles que traían estudiantes y hablando con violencia. Pretendí que era secundario tal cambio. Llego a ser comprensiva. Un comportamiento agresivo suele dar autoridad en base al miedo.


Es importante recalcar que las llaves son de uso general. He visto cómo se los ha otorgado a otras personas con amabilidad y servicio. Dio a entender que la gentileza era su segundo nombre. Los entregaba, a muchos, con una mirada cortés.


Ahora bien: necesitaba el artefacto para una tarea y fui a pedírselas. Véame, ofendida, escribiéndole, en vez de ir a quejarme con la autoridad correspondiente con justificación.
Me aventó las llaves al suelo. Por lógica, pensé que fue un accidente. Pero su risa burlona me dijo lo contrario. No entiendo por qué hizo tal agresión. Permaneció ahí, frente al escritorio, evidencia de su grosería.


Ocultando mi dignidad, me dispuse a levantarlas porque necesitaba trabajar en ese sitio. Ignoro por completo qué se necesita para ser una secretaria. Sólo sé que he tratado con compañeras suyas que son frías, y otras que aprecio: afectivas y tolerantes.

Le pedí unas llaves que abren un salón abierto para toda la comunidad académica. Siempre había entrado con invitación. No era un aula más, se convirtió en un segundo hogar, un refugio para pasar el tiempo y hacer tarea entre amigos y profesores. Las paredes son acogedoras: lisas y pintadas con un color cálido que no posee intenciones de molestar, sino de permanecer ahí. Quise pedírselas, era tiempo de hacer un trabajo final.


Asimismo, debo agregar que no era la única: varios requeríamos de dicho espacio, y fui la delegada para abrir el santuario escolar.


Intenté, esperanzada, pedir las llaves con educación. La esperanza no me reprimió; sino, indicaba creer en los comentarios positivos y omitir los negativos. En vez de dejar las llaves en el suelo, opté por agarrarlas y agradecerle seria y afligida. Lo hice por modales instruidos por mi familia, al igual que usted al contestarme tajante “de nada”.


Tengo que admitir que del análisis practicado a su labor he concluido escenarios desafortunados. Como deducir que usted detesta trabajar en ese puesto. Si me acompañara, con buenas intenciones, a visitar otras secretarias y observara su desempeño ante el alumnado, sabría que estoy en lo correcto. Las cosas no deben maltratarse: pueden romperse y dejar de servir. Le puedo asegurar que usted deja a un lado la ética, porque arroja las cosas con malicia y derrochando superioridad. Piense, trata al personal con cordialidad. Y a los estudiantes…


Mas póngase en nuestros zapatos. Sentirá una voz severa. Las peticiones son otorgadas de forma maquiavélica. Y de improvisto un insulto; parecido a un golpe hacia nuestras emociones. ¿Es normal? Soy humana, señorita secretaria, tengo sentimientos, como usted, si es que no es un robot.


Mas hay que terminar. Estaba diciendo que usted desprecia su trabajo y es verdad. Es lamentable para usted y alarmante para los solicitantes de sus servicios, que expreso no tienen la culpa.


Por cierto: no busco algo más. Soy humilde pero no aprovechada. Las palabras no poseen la intención de que renuncie. Es para sugerir que adore su labor. Estoy relatando mi opinión con la intención de que vea la importancia de su puesto, aquél que solicitó hace años y fue aceptada, ayudando a otros en tiempos pasados… Disculpe, que aún quiere ayudar. Tiene, por lo menos, oportunidad de enmendar sus errores, si aún cree lograr comportarse equitativamente con todos.


Necesitamos personas contentas con su oficio, que amen lo que hacen, que no estén en su lugar sólo por un buen salario, más bien para mejorar la sociedad como todo buen ciudadano. Esa sociedad que ignora al comportarse así.


Me gustaría contarle de mi tiempo en preparatoria, donde la secretaria me auxilió con cuidado en mis requisitos para graduarme. Sin embargo, estas palabras no son para persuadirla con experiencias.


Permítame expresar algo: si usted, en lugar de enfadarse, percibe que surge algo de lo profundo de su alma y arriba en forma de lamentación, para la otra ocasión entregue las cosas en las manos y con afabilidad , hágalo de nuevo y verá cómo las cosas irán cambiando.


Le aseguro que si trata así a todos, mandaré un oficio público indicando su benevolencia, para que los demás se den cuenta de su sencillez y sirva de ejemplo a sus compañeras.


Atentamente, una alumna. 


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Este es el segundo ejercicio de imitación que hago para una clase. La obra es "Carta a un Zapatero que Compuso Mal unos Zapatos, de Juan José Arreola, si dan click aquí, encontrarán el cuento original.


Reitero, es un ejercicio XD pero me ha gustado el resultado.


Gracias por leer!

martes, 31 de enero de 2012

Después de la Pelea...




Después de recibir el golpe prominente de quien alguna vez fue su amigo corrió al bosque y se escondió detrás del primer árbol frondoso. Era muy leñoso y le lastimó un poco las manos. No obstante, ahí, a pesar de sentirse cansada y conteniendo el llanto acongojado, doloroso y tenso que le fue provocado por llevar a cabo la pelea que le había dejó heridas tanto físicas como emocionales, no evitó recordar todos los momentos entrañables, cálidos y prósperos compartidos con él. Se dejó caer al pasto y colocó una mano sobre su frente, pensando en los ayeres, en las noches añejas, los abrazos y los cariños, el conocer al otro, el sentirse amada y el rencor de hoy, hasta que el dolor de su cuerpo le hizo aterrizar de sus sueños. Fue cuando miró, con demasiada nostalgia las estrellas: aquellas luces titilantes blancas que siempre aparecen en las noches tras el manto negro, profundo y misterioso; aquellos testigos silenciosos que parecieran callar ante las adversidades humanas; estos astros que le recuerdan su insignificancia comparada con la belleza del mundo que le rodea y donde vivía tranquila; luceros que se dejaban ver ante los caprichos humanos que buscan la divinidad en lares inalcanzables a su realidad; pocos brillos opacos que le indicaban su muerte próxima en un firmamento escasamente explorado por curiosos; y una par de estrellas fugaces que desaparecen en el acto, destacando del resto de los destellos inmóviles, vestigios desde la presencia del hombre. El viento, helado, movía sus largos cabellos y a las copas de los árboles, haciendo caer las hojas débiles con lentitud. Ese instante era apacible y relajante. El jadeo de su atacante se clavaba punzantemente en sus oídos. El dolor y la aflicción la invaden de nuevo, envolviéndola con una frialdad que calaba hasta en sus huesos. 



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Este es un cuento que surge por un ejercicio dejado en mi Universidad (Sí, mi primera tarea xD), en la cual debíamos imitar el estilo de un autor. En este caso, fue Juan García Ponce, del cuento "Después de la Cita" .

Me ha gustado mucho el resultado y por eso lo comparto con ustedes. Haber qué dice mi profesora XD

Espero críticas y comentarios.. Saludos!

Por cierto, los personajes son de mi novela :3

miércoles, 13 de enero de 2010

Frío Infernal



Aún recuerdo perfectamente esa noche. Si alguien me hubiera dicho que sería la última con mi familia jamás lo habría creído; estamos acostumbrados a que todo será eterno y no a que lo pueden arrebatar en cualquier momento.

Salí de bañarme, el olor a jabón de fresas impregnó el cuarto por completo. Mientras me ponía la pijama mamá hacía de cenar, mi hermana estaba afuera con una amiga y el resto veía la televisión. Me apuré, percibí que preparaba frijoles y tortillas de harina, algo que disfrutaba como un suculento platillo. Bajé con mi cabello húmedo, perfumando la sala con esa crema líquida que jamás me gustó; no hidrataba la piel. Antes de sentarme en el comedor me ordenaron que fuera a la tienda. Hice un berrinche. ¿Por qué no iba alguien más? No trabajan desde hace seis meses y sólo se despertaban para comer e ir al baño. Pero bueno, ya no importan mis quejas. Ya no iré al mandado ni veré mis programas favoritos.

Le pedí a mi hermana que me acompañara y aceptó, con la condición de que fuera la vecina. Me caía bien; sin embargo, su humor era muy pesado y superficial, como toda adolescente que jamás tuvo carencias. Subimos la calle rodeadas de nuestro propio aliento. El frío era infernal, como nunca lo sentí. En cuanto llegamos comenzó la pesadilla que no ha tenido fin. Todas las tiendas emanaban luces rojas que parpadeaban y eran cerradas por sus dueños, quienes en sus rostros denotaban miedo, terror, nerviosismo, paranoia. Me acerqué a una que apenas comenzaba a seguir al resto.

-¿Qué sucede?-pregunté con curiosidad.

-Nos informaron que vienen a llevarnos-me contestó la chica asustada-. Vienen por nosotros-repitió en llanto.

No supe a qué se refería hasta que escuché una sirena que se acercaba Me cubrí la boca para no gritar: el Ejército se dirigía a mi colonia. Rápidamente infería en el por qué de su aparición: tal vez encontraron a un narco, un secuestrado o un movimiento ilícito; mas mi duda de su repentino temor a la autoridad llamó mi atención. "Sálvense", nos decían personas desde sus ventanas. De pronto, mi cuerpo empezó a temblar, señal que tenía miedo. Le pedí a la joven que aún no cerraba que nos permitiera entrar, pero me contestó que debiamos pedirle permiso al dueño, que hablaba inglés.

Solicité hablar con él y me llevó al fondo, donde estaba con su esposa. Apenas iba a emitir mis saludos anglosajones cuando la señora me sonrió y me dijo que ella lo hacía por mí. Suspiré aliviada. Logré captar ciertas frases. "Yes, of course", contestó el buen hombre de voz áspera. Alzé mis brazos para indicarles que entraran y súbitamente las luces se apagaron: cortaron la electricidad. Las puertas cerraron sin más y la pareja me abrazó para protegerme. Empecé a gritar por mi hermana, pero nadie me contestaba. Nunca supe si entraron o no.

Los cuatro -la chica que cerró el local, los ancianos y yo- corrimos a la puerta trasera. Al abrirlo distinguí entre las sombras un trailer abierto, donde aguardaban, sin exagerar, más de treinta personas que se arrinconaban en el gran cajón. Nos subimos y en el último momento cerraron la caja. No había luz, todo era obscuridad.

Escuché que prendieron la máquina y el suave movimiento de las llantas indicaron que partía. Poco a poco el silencio era sustituido por lágrimas, lamentos y susurros que intentaban tranquilizar a las almas en pena. Aún no entendía la venida de la autoridad y el escape de los vecinos por su llegada.

-Somos rebeldes-me explicó la señora-. Estamos en contra de las acciones de nuestro líder. Ahora ves lo que hacen a los que piensan distinto a ellos-Pensé en mamá. Ella era incapaz de matar una mosca-No les importa si son aliados o no de nuestro movimiento. Vienen por todos.

Comencé a llorar y cubrí mi rostro. Nadie me veía, pero qué más daba.

-Don't worry-el anciano me abrazó y correspondí.

En ese instante necesitaba de alguien que me hiciera sentir segura, esperanzada a que los volvería a ver. Tal vez lograron escapar o el Ejército no llegó hasta allá. Tal vez mi hermana encontró refugio y espera que vayan por ella.

De la nada, el vehículo paró. Los demás se callaron. Nada sucedía afuera. Fue como si despertara en la madrugada, sin que alguien hiciera escándalo. Pasaron los minutos y todo seguía así. "Vamos. A lo mejor ya estamos seguros", me susurró la señora. Abrimos una de las puertas laterales y salimos sin hacer ruido. Estabamos estacionados en una calle empinada, cerca de la cima. Las casas y establecimientos no tenían luz y el semáforo sólo poseía el color rojo iluminado. Por la carretera transitaban autómoviles a gran velocidad, siendo perseguidos por patrullas que nos ensordecían momentaneamente por la sirena. Y para mi mala suerte, aún hacía ese frío...

-Deténganse-un soldado nos iluminó con su lámpara. Ambas retrocedimos y al voltear atrás, descubrí que otros soldados llevaban a un grupo de personas a un edificio abandonado. Mi excusa fue que nos detuvieron porque traía pijama, pero mi sorpresa fue mayúscula ellos ríeron misteriosamente.

-¿Ya nos van a matar?-cuestionó mi compañera. Me limité a verla asustada. Creí que mis ojos se saldrían de las cuencas-Que no sea por la espalda, por favor.

Los demás empezaron a reírse y de la nada una señora que iba pasando me abrazó y me alejó de ahí. "No voltees", me ordenó con un acento extraño. Sólo miré por mi rabillo, comprobando que se los llevaban a esa construcción. Un disparo, dos más, otro. Brinqué con cada estruendo. No podía creerlo: los asesinaron. Dejé que mis lágrimas fluyeran. ¿Era necesario? ¿Que no existía la libertad de expresión?

Hoy, vivo con esa persona que me salvó la vida. Por seguridad, no mencioné nombres ni lugares. Hasta donde supe, mi colonia fue arrasada y me dio tanta rabia cuando en los noticieros dijeron que ocurrió una matanza por parte de los narcotraficantes de la zona. Pasaron mi antigua casa totalmente destruida. No vi rastros de mi mamá, mi hermana o alguien más. No me atrevo a ir ahí, temo por mi vida. Aunado a eso, jamás comentaron del asesinato en ese lúgubre edificio; en vez de eso pasaron el pronóstico de un día soleado.

Aquél frío no se ha esfumado. Persiste en mi mente, impidiendo que pueda volver a dormir tranquila. Una luz de esperanza me dice que ellos siguen vivos en otra parte, esperando que regrese para continuar con nuestra vida. Pero cómo hacerlo, si ese gélido pensamiento nunca desaparecerá.

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Lo que acaban de leer fue un sueño que tuve -__-U
jaja..xD
raro..xD
saludos! n-n

miércoles, 6 de enero de 2010

De Cacería en los Cerros


Ernesto no podía creer que su propio padre lo llevara a ese lugar, y mucho menos para cazar un león. ¿Era posible la existencia de un animal como ese en los cerros de la presa? Recuerda, mientras camina por los matorrales, cuando fue levantado de su cama por un hombre que vestía como Steve Irwin, sólo que moreno, gordo y bigotón, gritándole que irían a la Presa en busca de un león.
-Hijo- sus pensamientos son interrumpidos por su fornido padre, René, quien respira con dificultad-, debemos descansar, hemos caminado bastante.
-Papá, apenas llevamos 5 minutos desde que nos bajamos del auto.
-Soy tú padre. Haz caso y sentémonos en estas rocas.
Ambos se sentaron. Su papá toma agua como si fuera la última vez que bebería y después miró al joven con cierta preocupación. Acto seguido, se levanta, coge la mochila y siguen el curso hacia la orilla de la presa. Conforme se acercaban, se percibía el leve olor a agua estancada que impregnaba el lugar. Con poco viento, la tierra se levantaba y debían toser para aliviar la picazón en sus gargantas, o miraban directamente al sol para estornudar. Con la intención de conversar con Ernesto, René hace memoria en sus tiempos escolares.
-¿Sabías que la Presa empezó a construirse en 1927 hasta 1936? Tardaron bastante para que quedara bien. Y tiene la capacidad de 137 millones de metros cúbicos
-Vaya. Es muy interesante-contesta el hijo con notable sarcasmo-. Pero esto no es clase de Historia. Estamos de cacería por un estúpido león.
-¡Vamos! ¿Acaso no tienes espíritu de aventura?
-Creo que desapareció cuando me dejaste solo aquí, a los 4 años.
Padre e hijo siguieron su andar por bastante tiempo sin hablarse. René estaba muy entusiasmado en encontrar al animal, pedir la recompensa y ser la envidia de sus amigos. Por otro lado, Ernesto estaba enfadado, pues era sábado y ese día de asueto se la pasaba durmiendo o jugando videojuegos. Apenas tenía 15 años. No temía por su vida. Le parece absurda la idea de ir de cacería con un machete. Si de pura casualidad el león aparece, serían carne fresca.
Después de una hora, el padre solicita el sexto descanso y permanecen sobre un cerro con una espectacular vista de la Presa. Ernesto recuerda la vez que su papá lo abandonó cerca de ahí. No sabe si antes había más agua o siempre ha estado así.
-¿Y dónde están los 137 millones de metros cúbicos?-pregunta el joven al momento de sentarse.
-Hay hijo. La ciudad crece. Somos muchos en Tijuana. Además, casi no llueve. Algún día el agua se extinguirá. Aprovechando, ¿sabías que entre los 40 y 50 vinieron Pedro Infante y Antonio Aguilar a un restaurante cerca de aquí?
Ernesto ni en su vida había escuchado de ellos, pero por seguirle el juego contestó que no sabía y que era un buen dato. De repente, una parvada de palomas voló sobre ellos y se cubrieron con sus manos, evitando ser atacados por el excremento kamikaze. Cuando se fueron las aves, se levantaron y siguieron caminando por un rato más. "Es mi turno de impresionarlo", pensó Ernesto.
-Papá, Miguel me dijo que por la carretera que está para allá, hay un altar de la Santa Muerte y en las noches la veneran tipos vestidos de negro.
-Ajá- contestó René distraído sin voltear hacia él -. El puente fue creado con material que se mantiene con agua. Como no llueve, se desgasta-comentó como si no habría escuchado lo que dijo Ernesto.
-Por esto no me agrada estar contigo-murmura Ernesto para sí, decepcionado.
A lo lejos, el joven escucha los gritos de una muchacha despavorida que sale corriendo del agua, sacudiéndose los pies con brusquedad. Entonces el padre ríe.
-Pobre, no sabe que por ahí anda un león y que en la presa hay sanguijuelas.
-¿En serio hay esos gusanos?
-¿Por qué crees que tu madre no le gusta venir?
Súbitamente, son interrumpidos por unos matorrales grandes que se movían de un lado a otro. René saca son agilidad el machete y le pide a su hijo que se colocara detrás de él. Ernesto no obedeció, saca su celular y empieza a grabar. "Esto va para Youtube. Seré el nuevo Steve Irwin", piensa emocionado.
Las plantas se mueven, pueden sentir que el animal se acerca. René se imagina las noticias: “El señor René Hernández y su hijo encontraron al...” ¿Conejo? Para la sorpresa de ambos, una pequeña liebre gris salta a sus pies y se retira entre brincos alegres, como si los hubiera asustado a propósito. Padre e hijo se miran incrédulos. Esperaban que en cualquier momento saliera una cámara escondida y el conductor que sale en comerciales de la Distribuidora el Florido les gritara burlándose “¡Cayeron! ¡Qué barato!”
-¿Aún crees que haya un león?-cuestiona el hijo molesto
-Tal vez sólo fue un maldito rumor-contesta inconforme.
-¿Qué le dirás a mamá?
-Fuimos al Centro y te enseñé la primera calle de la ciudad. ¿Quieres ir?
-¿La Revo? Paso, estoy harto de ver eso en la escuela. El profe se la pasa hablando de eso y ya ni tengo ganas de ir.
-No es ahí… Bah…-René suspira resignado-. Hice el intento. Volvamos a casa y vemos el partido de fut. La cacería ha finalizado.
Regresan en silencio a su casa, que se encontraba a 20 minutos en auto. El único sonido que había en la cabina era la voz del conductor de noticias que hablaba del clima. Así sin más, su voz cambió a un tono serio. Entonces René y Ernesto prestan atención. “Un grupo experto de cazadores han encontrado al león. Repito: el león que estaba en la Presa ha sido capturado. En estos momentos ya es llevado a…”. René apaga el auto estéreo y gruñe irritado.
-Si hubiéramos buscado más…-el padre no termina la frase. Está tan enojado que se le dificulta articular alguna palabra.
-Oye, al menos me diste clases de Historia acerca de la Presa. Además, creo que aquí hay una moraleja. Jamás vayas de cacería con un machete.
-Ajá- nuevamente, el padre contesta distraído. Ernesto respinga y decide no hablar en todo el camino. Iba a decirle que lo llevara al Centro, pero ya con esa actitud prefirió no sugerirlo. Capaz que su padre diría que ahora cazarían el espíritu de una mujer que se le aparece a taxistas con ruta al panteón.
-Hijo, volveremos la próxima semana a la Presa-sentencia René con firmeza.
-¡¿Qué?! Si crees que iremos a cazar algún otro animal te juro que…
-Claro que no, Ernesto. Quiero enseñarte dónde grabaron escenas de una telenovela colombiana en 1997. Si bien lo recuerdo, fue donde ahora están unas casas de Homex.
-Oh sí. Creo que miré varias ventanas con letreros quejándose de la constructora. No debieron hacerlo, es decir, destruir cerros para edificar casas.
-Es lo que te digo. Hay muchas personas en Tijuana. Se requieren espacios y ahora aprovechan el que hay en la Presa.
-Por lo que veo, la cacería no sólo fue por nuestra parte.
-¿A qué te refieres?-pregunta René intrigado.
-Nosotros íbamos por el león, ¿no? Pues los tijuanenses cazan praderas, cerros… y si te fijas, cada uno con beneficios: el león para proteger a los demás y las casas para que haya un lugar donde puedan protegerse.
-Sí…-el padre asiente, concordando con Ernesto-, todos alguna vez hemos cazado en los cerros de la Presa.
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Feliz año! n_n