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martes, 31 de enero de 2012

Después de la Pelea...




Después de recibir el golpe prominente de quien alguna vez fue su amigo corrió al bosque y se escondió detrás del primer árbol frondoso. Era muy leñoso y le lastimó un poco las manos. No obstante, ahí, a pesar de sentirse cansada y conteniendo el llanto acongojado, doloroso y tenso que le fue provocado por llevar a cabo la pelea que le había dejó heridas tanto físicas como emocionales, no evitó recordar todos los momentos entrañables, cálidos y prósperos compartidos con él. Se dejó caer al pasto y colocó una mano sobre su frente, pensando en los ayeres, en las noches añejas, los abrazos y los cariños, el conocer al otro, el sentirse amada y el rencor de hoy, hasta que el dolor de su cuerpo le hizo aterrizar de sus sueños. Fue cuando miró, con demasiada nostalgia las estrellas: aquellas luces titilantes blancas que siempre aparecen en las noches tras el manto negro, profundo y misterioso; aquellos testigos silenciosos que parecieran callar ante las adversidades humanas; estos astros que le recuerdan su insignificancia comparada con la belleza del mundo que le rodea y donde vivía tranquila; luceros que se dejaban ver ante los caprichos humanos que buscan la divinidad en lares inalcanzables a su realidad; pocos brillos opacos que le indicaban su muerte próxima en un firmamento escasamente explorado por curiosos; y una par de estrellas fugaces que desaparecen en el acto, destacando del resto de los destellos inmóviles, vestigios desde la presencia del hombre. El viento, helado, movía sus largos cabellos y a las copas de los árboles, haciendo caer las hojas débiles con lentitud. Ese instante era apacible y relajante. El jadeo de su atacante se clavaba punzantemente en sus oídos. El dolor y la aflicción la invaden de nuevo, envolviéndola con una frialdad que calaba hasta en sus huesos. 



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Este es un cuento que surge por un ejercicio dejado en mi Universidad (Sí, mi primera tarea xD), en la cual debíamos imitar el estilo de un autor. En este caso, fue Juan García Ponce, del cuento "Después de la Cita" .

Me ha gustado mucho el resultado y por eso lo comparto con ustedes. Haber qué dice mi profesora XD

Espero críticas y comentarios.. Saludos!

Por cierto, los personajes son de mi novela :3

miércoles, 13 de enero de 2010

Frío Infernal



Aún recuerdo perfectamente esa noche. Si alguien me hubiera dicho que sería la última con mi familia jamás lo habría creído; estamos acostumbrados a que todo será eterno y no a que lo pueden arrebatar en cualquier momento.

Salí de bañarme, el olor a jabón de fresas impregnó el cuarto por completo. Mientras me ponía la pijama mamá hacía de cenar, mi hermana estaba afuera con una amiga y el resto veía la televisión. Me apuré, percibí que preparaba frijoles y tortillas de harina, algo que disfrutaba como un suculento platillo. Bajé con mi cabello húmedo, perfumando la sala con esa crema líquida que jamás me gustó; no hidrataba la piel. Antes de sentarme en el comedor me ordenaron que fuera a la tienda. Hice un berrinche. ¿Por qué no iba alguien más? No trabajan desde hace seis meses y sólo se despertaban para comer e ir al baño. Pero bueno, ya no importan mis quejas. Ya no iré al mandado ni veré mis programas favoritos.

Le pedí a mi hermana que me acompañara y aceptó, con la condición de que fuera la vecina. Me caía bien; sin embargo, su humor era muy pesado y superficial, como toda adolescente que jamás tuvo carencias. Subimos la calle rodeadas de nuestro propio aliento. El frío era infernal, como nunca lo sentí. En cuanto llegamos comenzó la pesadilla que no ha tenido fin. Todas las tiendas emanaban luces rojas que parpadeaban y eran cerradas por sus dueños, quienes en sus rostros denotaban miedo, terror, nerviosismo, paranoia. Me acerqué a una que apenas comenzaba a seguir al resto.

-¿Qué sucede?-pregunté con curiosidad.

-Nos informaron que vienen a llevarnos-me contestó la chica asustada-. Vienen por nosotros-repitió en llanto.

No supe a qué se refería hasta que escuché una sirena que se acercaba Me cubrí la boca para no gritar: el Ejército se dirigía a mi colonia. Rápidamente infería en el por qué de su aparición: tal vez encontraron a un narco, un secuestrado o un movimiento ilícito; mas mi duda de su repentino temor a la autoridad llamó mi atención. "Sálvense", nos decían personas desde sus ventanas. De pronto, mi cuerpo empezó a temblar, señal que tenía miedo. Le pedí a la joven que aún no cerraba que nos permitiera entrar, pero me contestó que debiamos pedirle permiso al dueño, que hablaba inglés.

Solicité hablar con él y me llevó al fondo, donde estaba con su esposa. Apenas iba a emitir mis saludos anglosajones cuando la señora me sonrió y me dijo que ella lo hacía por mí. Suspiré aliviada. Logré captar ciertas frases. "Yes, of course", contestó el buen hombre de voz áspera. Alzé mis brazos para indicarles que entraran y súbitamente las luces se apagaron: cortaron la electricidad. Las puertas cerraron sin más y la pareja me abrazó para protegerme. Empecé a gritar por mi hermana, pero nadie me contestaba. Nunca supe si entraron o no.

Los cuatro -la chica que cerró el local, los ancianos y yo- corrimos a la puerta trasera. Al abrirlo distinguí entre las sombras un trailer abierto, donde aguardaban, sin exagerar, más de treinta personas que se arrinconaban en el gran cajón. Nos subimos y en el último momento cerraron la caja. No había luz, todo era obscuridad.

Escuché que prendieron la máquina y el suave movimiento de las llantas indicaron que partía. Poco a poco el silencio era sustituido por lágrimas, lamentos y susurros que intentaban tranquilizar a las almas en pena. Aún no entendía la venida de la autoridad y el escape de los vecinos por su llegada.

-Somos rebeldes-me explicó la señora-. Estamos en contra de las acciones de nuestro líder. Ahora ves lo que hacen a los que piensan distinto a ellos-Pensé en mamá. Ella era incapaz de matar una mosca-No les importa si son aliados o no de nuestro movimiento. Vienen por todos.

Comencé a llorar y cubrí mi rostro. Nadie me veía, pero qué más daba.

-Don't worry-el anciano me abrazó y correspondí.

En ese instante necesitaba de alguien que me hiciera sentir segura, esperanzada a que los volvería a ver. Tal vez lograron escapar o el Ejército no llegó hasta allá. Tal vez mi hermana encontró refugio y espera que vayan por ella.

De la nada, el vehículo paró. Los demás se callaron. Nada sucedía afuera. Fue como si despertara en la madrugada, sin que alguien hiciera escándalo. Pasaron los minutos y todo seguía así. "Vamos. A lo mejor ya estamos seguros", me susurró la señora. Abrimos una de las puertas laterales y salimos sin hacer ruido. Estabamos estacionados en una calle empinada, cerca de la cima. Las casas y establecimientos no tenían luz y el semáforo sólo poseía el color rojo iluminado. Por la carretera transitaban autómoviles a gran velocidad, siendo perseguidos por patrullas que nos ensordecían momentaneamente por la sirena. Y para mi mala suerte, aún hacía ese frío...

-Deténganse-un soldado nos iluminó con su lámpara. Ambas retrocedimos y al voltear atrás, descubrí que otros soldados llevaban a un grupo de personas a un edificio abandonado. Mi excusa fue que nos detuvieron porque traía pijama, pero mi sorpresa fue mayúscula ellos ríeron misteriosamente.

-¿Ya nos van a matar?-cuestionó mi compañera. Me limité a verla asustada. Creí que mis ojos se saldrían de las cuencas-Que no sea por la espalda, por favor.

Los demás empezaron a reírse y de la nada una señora que iba pasando me abrazó y me alejó de ahí. "No voltees", me ordenó con un acento extraño. Sólo miré por mi rabillo, comprobando que se los llevaban a esa construcción. Un disparo, dos más, otro. Brinqué con cada estruendo. No podía creerlo: los asesinaron. Dejé que mis lágrimas fluyeran. ¿Era necesario? ¿Que no existía la libertad de expresión?

Hoy, vivo con esa persona que me salvó la vida. Por seguridad, no mencioné nombres ni lugares. Hasta donde supe, mi colonia fue arrasada y me dio tanta rabia cuando en los noticieros dijeron que ocurrió una matanza por parte de los narcotraficantes de la zona. Pasaron mi antigua casa totalmente destruida. No vi rastros de mi mamá, mi hermana o alguien más. No me atrevo a ir ahí, temo por mi vida. Aunado a eso, jamás comentaron del asesinato en ese lúgubre edificio; en vez de eso pasaron el pronóstico de un día soleado.

Aquél frío no se ha esfumado. Persiste en mi mente, impidiendo que pueda volver a dormir tranquila. Una luz de esperanza me dice que ellos siguen vivos en otra parte, esperando que regrese para continuar con nuestra vida. Pero cómo hacerlo, si ese gélido pensamiento nunca desaparecerá.

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Lo que acaban de leer fue un sueño que tuve -__-U
jaja..xD
raro..xD
saludos! n-n

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Diario de un Cadáver

Querido Diario:
He muerto. Sí, es la cruel verdad. Estaba sentada en mi sala mientras veía televisión cuando un conductor ebrio chocó en mi casa; la inercia provocó que el candelabro situado en el comedor cayera sobre la mesa y este a su vez, quebrara la jarra de cristal que estaba al lado mío. Me levanté, sin darme cuenta pisé el agua, resbalé, caí y me golpeé la nuca con una esquina del sofá. Morí instantáneamente.
Esperé varias horas para que recogieran mi cadáver, el borracho jamás despertó y los vecinos se asomaron en cuanto escucharon el estruendo; pero la ambulancia llegó tarde, hasta las moscas ya volaban sobre mí. Me levantaron sin delicadeza, se quejaron porque les manché de sangre su uniforme y me encerraron en una bolsa negra por otro rato hasta que llegué a la morgue. Ahí, el médico declaró que morí por un accidente de auto y culparían al conductor. Alcancé a escuchar que les pareció absurdo que haya muerto porque resbalé.
Llegó mi madre, quien estaba con sus amigas tomando el té. No recuerdo que llorara al verme muerta, sólo dijo: “Es ella”, y se fue. Mi papá estaba en un viaje de negocios, así que no vino a verme. Primero es su trabajo y después la familia. Esperé por otras horas hasta que fueron por mí para llevarme a una funeraria. Una señora me maquilló exageradamente, parecía un payaso. Luego me introdujo a un ataúd negro de mala calidad. Estaba segura que al poco tiempo los gusanos entrarían a comerse mi cuerpo.
Después de tanto movimiento, entre la oscuridad de mi nuevo hogar escuché murmullos. Levantaron la tapa y miré a mi mejor amiga llorando sobre el hombro de mi novio. Qué hipócritas. Creían que no sabía que se acostaban a mis espaldas. Esas lágrimas deben ser de felicidad, ya no les estorbaría. Mis padres traían puestos lentes negros, así que no pude ver si lloraban. Creo que no.
Finalmente, me enterraron. Fueron unos momentos muy tranquilos. Vaya, ni siquiera parecía que estaba siendo sepultada la más joven de la familia y la alumna más popular del colegio. De pronto, todo fue silencio. Ni puse atención cuando arrojaban tierra a mi tumba. Creo que tengo buena suerte. Lo que más aterra a una persona son los vivos, ya que los muertos no dañamos a otros ni a uno mismo, y tampoco mentimos. Lástima por ellos. Yo ya descanso en paz.

miércoles, 24 de junio de 2009

Bendita verdad...

La verdad... que se supone es mejor que la mentira...

A los jóvenes deberían otorgarles el premio de la Academia, cuando actúan y piensan en casa de una manera y son de otra al estar alejados de la familia. ¿Por qué? Se han divido en dos personas que viven en uno solo. Son varios motivos para hacerlo: ya sea por beneficio propio, tienen miedo de expresar lo que realmente son, o... desean evitar daño.

Daño... dolor... sensaciones existentes desde el principio de la humanidad y que hoy en día persisten. ¿Por qué se desea evitar dañar a otros? Tal vez sea la incapacidad de soportar una lágrima o evitar la realidad que golpea día a día a la mente tratando de advertir que vivimos en un mundo de fantasía donde todo es eterno. Eterno referente a que la situación jamás cambiará y lo que consideras correcto y bueno perdurará; a sabiendas que la verdad, por lo más cruel que sea, algún día saldrá de nuestros labios y llegara a aquel que debe saberlo.

La persona siempre miente, es parte de nuestra naturaleza enigmática. Sobrevivencia, beneficio, porque sí... pretextos usados desde siempre y que se escuchan todos los días. Los moralistas se refieren a la mentira como algo malo, un veneno que recorre nuestro cuerpo pudriéndolo poco a poco, algo negro que se introduce para eliminar la existencia de lo bueno para dejar únicamente ese demonio perverso que seduce con sus palabras a todo inocente dispuesto a mentir; y que la única manera de salvarnos es decir la verdad, aunque este origine lágrimas en terceras personas. Cuando decimos una verdad irrefutable, sabes que tienes razón y no te pueden contradecir, es una sensación de gozo al momento de permitir fluir las palabras, puesto que te sientes como un ser divino que controla todo el ambiente, golpeando el corazón de esos oídos que decidieron aceptar la verdad.

En las personas en las cuales mayormente acudimos para dejar de ser actores en el escenario familiar y representar únicamente el papel de nuestras vidas es con los amigos: aquellas personas que nos aceptan como somos sin juzgarnos, contrario a la familia, que te busca algún defecto para culparte de los problemas existentes, ya sea por decir siempre la verdad, ser indiferente o ser un "vil mentiroso" que sólo daña y lastima la integridad familiar; aunque, sabes que a lo mejor los amigos así piensan, pero recurres a ellos como última alternativa para escapar... sentir la brisa en el rostro... dejar fluir las lágrimas sin ser señalado con el dedo acusador..

A veces, es preferible seguir mintiendo. Cuando esas palabras tocan una herida que no ha parado de sangrar, es un balde de agua increíblemente fría; es peor que una bofetada, más bajo que un golpe... es una herida a nuestro ser, palabras hirientes que zumban en el oído una y otra vez, hasta que caes en cuenta que era muy cruel que lo hayan dicho; no obstante, era lo preferible.

Ocultar nuestros deseos más profundos para complacer a otros es mentir; sonreír aunque por dentro te desmoronas es mentir; fingir desinterés e indiferencia ante una situación donde el dolor no te permite disfrutar es mentir... entonces, ¿todo el tiempo mentimos? Desde un punto personal y subjetivo: sí.

"Engullimos de un sorbo la mentira que nos adula y bebemos gota a gota la verdad que nos amarga."
Denis Diderot.

Al momento de dictar nuestra verdad, la sensación de libertad empieza a existir en nuestra alma, pues la mentira es una cadena que nos deja presos sin permitir expresar y sentir realmente. Sin embargo, ¿jamás reconocerán cuando mentimos por su bien? La verdad puede ser como flechas que se introducen con crueldad por nuestra piel, y la sangre se derrama sin parar sin que nadie auxilie... y la mentira el escudo que impide esa herida. Tal vez es peor cuando la verdad proviene de quienes tenemos afecto; no obstante, no es impedimento para decirla y recibirla. Pero eso sí, que se aprovechen de ella para hacer sufrir y no para remediar el mal creado por la mentira, es peor que haberla ocultado. Sólo aquellos gozadores del dolor, con su lengua ponzoñosa que expresan su verdad y saben el dolor que causan, no son dignos de decirla. ¿Por qué? Por el simple hecho de que usan, tanto lo bueno y lo malo, para causar mal a los demás.

La verdad es mejor que la mentira, aunque se prefiera actuar en la segunda para evitar la realidad de la primera. Todos somos actores, todos construimos este gran escenario representando nuestro papel ideal; pero no el que deberíamos de hacer... Nos alejamos de la responsabilidad para evitar dañar; tal vez detrás de todo esto, aun perdure un pretexto para mentir: el beneficio propio, juzgado por no tener en cuenta a los demás.

Y tu... ¿Por qué mientes y evitas la bendita verdad?



lunes, 8 de junio de 2009

Deja caer una lágrima...



"El dolor es una buena señal, puesto que te avisa que aún no estas muerto."


Frase que explica todo. No toda la vida es rosa y no se puede sonreír por siempre; una manera para descubrir nuestra existencia en la realidad es el dolor, un sentimiento que todos temen y que al último todos experimentamos.

Se puede sufrir por varias razones: la muerte de un familiar, la pérdida de una amistad, por el final de nuestra serie favorita, la traición de alguien inesperado, descubrir que lo más anhelado jamás será tuyo, decepciones... Un corazón triste, al final de todo, crea una coraza para impedir el regreso de aquella emoción; mas no lo logrará. Si no se sufre jamás se alcanzará la verdadera felicidad, aunque ésta no existe. ¿Por qué? Simplemente es una utopía, y mucho más aplicarlo a la vida cotidiana, puesto que es una euforia, algo que se acabará y tendrás que buscar por otro lado. Incluso lo que te causa una sonrisa, para otro causa dolor. Si no conoces el verdadero sufrimiento, entonces no eres humano ni experimentarás una alegría verdadera, aunque sea por poco tiempo.

El hombre es un ser complejo, lleno de ideas e ilusiones y compuesto por sensaciones no encontrados en otro ser vivo que use la razón para existir: simplemente, un enigma. El viento puede llevarse las palabras; pero las ideas y esperanzas no se desvanecen, y mucho menos arrastrará el dolor.

Deja rodar una lágrima, prueba infalible de la vida. Sinónimo de sufrimiento o tensión, una gota alivia tu corazón. Jamás lo encierres en un cofre ni tires la llave; deja que acaricie tu mejilla y se pierda en el sendero de tu cuerpo; deja que alguien lo limpie, ese que desea borrar tus tristezas aunque será en vano; deja que tus ojos se humedezcan y tu rostro se torne ligeramente rojo, sabes que el pecho descansará un poco; permite liberar esa emoción, eres humano, no un robot.

Si no sufres, entonces eres un muerto en vida. No disfrutas las pequeñeces de la vida, no aceptas la caricia de la suave brisa en tu cara, los rayos del sol brindando calor, una sonrisa causada por alguna anécdota o el entendimiento de una vida o realidad propia... Ni apreciarás el dulce plato de la libertad si nunca has estado encadenado.

Deja caer una lágrima y disfruta: estás vivo